Un relato regalado... disfrutarlo como yo... o más.
-Cuando de crío vi la película “ La gran comilona” siempre quise hacer
lo que ahí sucedía. No todo, más que nada por su trágico final, sino el
desarrollo, el juego perverso de los invitados.-
Siempre acudía con su maletín a todas partes, parecía un músculo mas de
su anatomía. Le sentaba bien, mas que nada por su esbeltez a juego con
su carácter y profesión. Trabajaba mucho, eso nos causo mas de una
discusión, le absorbía tanto el puesto que era capaz de desvivirse por
el. Cansada y derrotada por el ajetreado día, salía como de costumbre
tarde de la oficina.
No se esperaba que la esperase a tales horas de la noche, así qué su
cara se ilumino de sorpresa cuando me vio aparcar tras ella. Me preguntó
que a que se debía el que yo fuese a buscarla. Le conteste qué no
había ninguna razón, mas bien por que pasaba por ahí y se me había
ocurrido acudir a su encuentro. Se acomoda a mi lado y nos marchamos
cuesta a bajo. A esas horas poca gente hay, la mayoría se encuentra en
los restaurantes, bares, cines, teatros o preparando la noche. Nos
dirigimos por la avenida principal, amplia y luminosa, escucho tu
batalla laboral, necesita soltarlo, mientras lo hace observo su cadera
al hablarme, el giro que hace marca su cintura, produciendo presión
sobre el escote y dejando ver el blanco sostén, me pregunto si te
gustaría que te follase otro hombre, mientras yo me limito solo a ver.
Al girar por la avenida principal, te percatas que no nos dirigimos a
casa. Preguntas que a donde vamos, te contesto que ya lo veras, que el
sitio te gustará. Eso te alegra, una sorpresa después de una dura
jornada laboral. Mas que nada para olvidar la infernal semana.
-En la película hay una escena en que uno de los comensales arregla un
coche, mientras una mujer observa y charla el coge un cilindro del motor
y la masturba introduciéndoselo por el coño...-
Aparco en la entrada de un hotel, tu cara es de gran asombro, cinco
estrellas y en el centro. Me dices que como, que porque, que debe de ser
carísimo. Mientras saco un pequeño neceser nos dirigimos al interior.
El lujo deslumbra, ciega e hipnotiza. Estas muda, te delatas, es la
primera vez que pisas un hotel de este calibre, yo también... Al entrar
en la habitación te percatas que es inmensa, con una cama descomunal,
corres a ver el cuarto de baño, la bañera tiene distintos agujeros para
según que masajes. Gritas de alegría, como una ****... Me abrazas, me
besas y me preguntas que porque de todo esto. Te contesto que por que te
lo mereces, por que nos merecemos que nos atiendan,…
Ríes sin parar, me propones que nos bañemos, con es bañera seria un
suicidio no hacerlo. Acepto tu invitación. Mientras nos metemos en el
agua observo como se tensas tus muslos, te agachas y te levantas otra
vez, el agua quema un poco, tu vagina gotea el agua absorbida corriendo
por el muslo, me miras, te miro y ríes algo sonrojada por el mal
disimulo. Como brilla tu cuerpo mojado, es resbaladizo, húmedo,
aceitoso... Sin dilación alguna me levanto observándote desde lo alto,
tu sorprendida me miras con ojos de saber lo que pienso. Meto mi pene en
tu boca, la abres con tal magnitud que creo que te la vas a tragar para
siempre, santo cielo que desencajo de mandíbulas, como para enloquecer.
Me apoyo en la pared, mientras mantengo movimientos pélvicos, el ruido
que produce es de un gutural ahogamiento, miro tu cara con preocupación,
pero me brindas con una tórrida sonrisa.
Continuo mas rápido, tu me masturbas con insultante seguridad, sabiendo
que de ti depende este recreo.-La gran comilona es de un hedonismo
compulsivo que una vez vista jamás la olvidas. Grotesca, repulsiva -
Estoy a punto de correrme, lo notas e intentas apartarme, pero me niego a
hacerlo, me agarro a tu cabeza con fuerza esperando como brota desde su
interior. Me abrazas de las piernas e intentas apartarme...No lo
consigues, yo en cambio mi cometido si... una vez acabado toses y
escupes recuperando el aliento para recriminar mi estúpido y brutal
desenlace…
-Creí que te gustaría –digo.-siempre lo haces.-
Me recriminas por esa determinación, -yo soy quien decide como acabará, no siempre va a ser igual-
Sales de la bañera colocándote el albornoz, y te diriges a la cama. Yo
detrás tuyo me limito a intentar arreglar mi error .Una vez dentro los
dos, te susurro una disculpa, que me dejé llevar, que no volverá a
ocurrir. Te pregunto que si tienes hambre, asientes. Un hotel como este,
el servicio de habitaciones marcan una diferencia con el resto. Llamo
pidiendo un gran banquete, ambos estamos hambrientos. Media hora basta
para que acudan con el, huele bien. El camarero nos asegura que el
cocinero de aquí es es de un gran prestigio, invitándonos a degustar con
impaciencia lo pedido... Acercas el carro a la mesa para prepararlo
todo, vuelves a sonreír, siempre te gusto que te tratasen como a una
reina. Menos antes, en el cuarto de baño. Me acerco a ti y te pongo mi
mano sobre tu muñeca, me miras buscando el porque de frenar el preparar
la mesa.
Te tomo de la mano y te llevo a la cama, desnudándote. Te acuestas,
cómplice absoluta. Acerco el carro con los alimentos al borde de a la
cama. Miras con asombro, se que con las sorpresas tu voluntad me
pertenece, es un campo que siempre gano. Tu excitación se manifiesta en
la respiración, aumenta… los ojos brillantes piden mas, glotonería y
exceso, es hoy tu camino, mi vida. Coloco con suma delicadeza y rapidez
los distintos bocados sobre tu cuerpo. Carnes jugosas en pequeños trozos
sobre tus pechos, aros de verdura se posan en los pezones... comienzo
el ritual de preparar la mesa carnal, el preparativo es de una
sensualidad exagerada. Lo coloco todo, el festín tiene dos partes, del
cuello hasta el ombligo el menú se basara en carnes y verduras, el resto
consistirá en el postre, dulces varios. Sobre el vientre poso una fina
crema de puerros con setas, poca cantidad, lo justo para un bocado.
Antes del ombligo, una pequeña porción de verduras salteadas con finas
hiervas. Sigo con una macedonia con un toque de licor, ron, pastelitos
varios y para terminar, entre tus piernas, en la cima del monte de
Venus, gelatina...
Una vez preparada la mesa, me levanto y alejo el carrito de la cama. Tu
me observas con atención, intentando descubrir mi próxima jugada…La
próxima jugada es hambre, gula.
Me inclino sobre ti mirándote a los ojos, tu boca palpita. Comienzo a
comer el primer pecado gastronómico, el de tu cuello, muerdo, lamo,
saboreo. Tu eres incapaz de guardar silencio, gimes, te muerdes el
labio inferior, al verte, mi acecho es tal que sin querer te doy un
mordisco en la carne, gritas, mi glotonería es grosera... Un canibalismo
domado.
Sigo lamiéndote todo el cuello, ni rastro queda del primer plato. Como
un perro en celo continuo por los pechos, los pezones los engullo, sin
masticar absorbo los pequeños trozos de verdura que están sobre los
picos...
En el vientre me espera la crema, dado que es difícil de morderla,
decido que lo mejor es lamerla. Mi lengua canina absorbe cada gota de
ella... Arqueas tu cuerpo, rompiendo la perfecta quietud anterior.
Levantas el pubis, muy alto por la excitación y para qué hunda mi cara
en ti… me lo como todo… hago un leve parón para observar tu cuerpo, esta
lleno de texturas, aceites, todo se mezcla como una paleta de un
pintor. Mojo mis dedos en esos colores y los meto en tu boca, los lames
con hambre, gula tal vez, provocando una erección en mi que no se si
continuar o penetrarte de una vez... Saco mis ensalivados dedos y bebo
un poco de champagne... Me chorrea por las comisura de los labios, tu
mirada es penetrante, jadeas mientras lo hago, el ultimo sorbo no lo
trago, me acerco a ti abro mi boca para que el caldo espumoso caiga
sobre tu boca, la abres, y lo bebes todo, hasta la ultima gota, me
incorporo y continuo el juego gastronómico. El monte me brinda con lo
suyo, una tentativa el follarte ya, pero la cata de sabores aun no ha
terminado. Ingiero la fresca macedonia, fresca en un principio, ahora
caliente. Nunca pensé que me lo fuese a terminar todo, que acabaría
antes de lo previsto, a algunos bocados y el juego terminaría.
-En el film, el comer es una meta suicida, aquí un paroxismo de fluidos.-
-Tú te encuentras en éxtasis, tus gemidos son la sinfonía del paraíso,
pareciendo a veces una fingida puta. Con los pasteles arraso. Te acerco
uno a la boca, demasiado osado por mi parte, ya no me conoces, estas
abandonada al furor orgásmico. Al acercar mis dedos con el pequeño
dulce, los muerdes, provocando gran dolor. Aparto velozmente la mano de
tu boca, sangre emanan de tu mirada, igual que mis dedos. Una diablesa a
mis caprichos. Al acercarme a la gelatina veo que por la temperatura
corporal ha comenzado a derretirse... El jugo gotea por toda la vagina,
labios hidratados esperan su oportunidad. Como con rapidez, hay que
terminar la cena, si continuo con esto enloqueceré. Te contemplo, todo
tu cuerpo esta febril, líquidos y sabores pringan cada pliegue de tu
anatomía. Te separo las piernas y temblorosamente acerco mi boca, tus
labios me sonríen, los beso, los como, los muerdo, introduzco mi lengua
dentro, me ahogo, busco tu clítoris, lo absorbo. Gimes, gritas, glorioso
escándalo encerrado en estas paredes. La cama ruge, yo engullo. Me
aparto e introduzco mis dedos dentro de tu raja...
El vaivén es rápido, sin dejar un segundo para la reflexión...Tú gritas y
gritas. Cada vez con más fuerza te masturbo. Te contoneas pidiendo
clemencia, me gritas, me amas. Palabras inconexas brotan de tu bulbosa
boca. Mi brazo duele, pequeños calambres se manifiestan. -Correte -te
grito-, hazlo ya. -Me miras borracha de apetito y sonríes.
Juntas las piernas, apretando con fuerza, chillas con energía
desbordada. Te doblas. Te giras hacia un lado. Cansada, buscando el
reposo, me observas... Mi pene esta cerca de tu cara, comienzo a
masturbarme, con avidez. Contemplas exhausta mi fiesta. Te tumbas de
espaldas, toda la cama esta llena de colores y texturas, es el sitio
ideal. El glande emana el semen, manchando todo el vientre, diluyéndose
con los sabores reposados. Todo es una mezcla. Grito, mi visión se
nubla, caigo de rodillas junto a ti.
Mantengo mi cabeza apoyada en tu vientre, mi mejilla derecha encima de
la caliente lefa. Me acaricias el pelo, lo desordenas. Pasas los dedos
por debajo de mi cara, arrastrando el caldo caliente y probándolo. Me
río. Tienes hambre. Continúas comiendo el grasiento fragmento. Te chupas
los dedos con insolencia. Me encanta. Me amas.
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