Un relato regalado... disfrutarlo como yo... o más.
-Cuando de crío vi la película “ La gran comilona” siempre quise hacer
lo que ahí sucedía. No todo, más que nada por su trágico final, sino el
desarrollo, el juego perverso de los invitados.-
Siempre acudía con su maletín a todas partes, parecía un músculo mas de
su anatomía. Le sentaba bien, mas que nada por su esbeltez a juego con
su carácter y profesión. Trabajaba mucho, eso nos causo mas de una
discusión, le absorbía tanto el puesto que era capaz de desvivirse por
el. Cansada y derrotada por el ajetreado día, salía como de costumbre
tarde de la oficina.
No se esperaba que la esperase a tales horas de la noche, así qué su
cara se ilumino de sorpresa cuando me vio aparcar tras ella. Me preguntó
que a que se debía el que yo fuese a buscarla. Le conteste qué no
había ninguna razón, mas bien por que pasaba por ahí y se me había
ocurrido acudir a su encuentro. Se acomoda a mi lado y nos marchamos
cuesta a bajo. A esas horas poca gente hay, la mayoría se encuentra en
los restaurantes, bares, cines, teatros o preparando la noche. Nos
dirigimos por la avenida principal, amplia y luminosa, escucho tu
batalla laboral, necesita soltarlo, mientras lo hace observo su cadera
al hablarme, el giro que hace marca su cintura, produciendo presión
sobre el escote y dejando ver el blanco sostén, me pregunto si te
gustaría que te follase otro hombre, mientras yo me limito solo a ver.
Al girar por la avenida principal, te percatas que no nos dirigimos a
casa. Preguntas que a donde vamos, te contesto que ya lo veras, que el
sitio te gustará. Eso te alegra, una sorpresa después de una dura
jornada laboral. Mas que nada para olvidar la infernal semana.