Bienvenidos.....

Bienvenidos.....

Tengo el honor de daros la bienvenida a la guarida de las mosqueteras.......soy Loba, y aquí todas iremos añadiendo nuestras historias, reales y ficticias, esperamos que os guste y que nos sigais como lectores...

Muchos lametones en el cuello...

Loba

miércoles, 25 de mayo de 2011

Un encuentro inesperado (parte de él)

Como he comentado en Las Destinos (V) este relato no lo he escrito yo, es un regalo, permitirme que no diga el autor del mismo, pues considero que poco estoy manteniendo ya su intimidad jajaj como para encima firmarlo con su nombre. Pero desde aqui le quiero volver a dar las gracias por el mismo. Gracias.

En todos estos años era la primera vez que iba a realizar un viaje al levante por asuntos de trabajo. Mi jefe me lo había consultado esperando un no por respuesta, ya que el sabía que lo de viajar no era de mi agrado
No se muy bien la reacción de mi cara pero el si fue de gran efusividad, él, perplejo ante tal inesperada reacción no le dio más vuelta al asunto y dijo que de acuerdo, que saliese mañana al mediodía, la reunión era a las siete de la tarde, por lo tanto y si se alargaba dicho evento, pernoctaría allí.


Salí por la tarde del trabajo igual que un niño en la noche de reyes, nervioso, ilusionado y con una gran dosis de incertidumbre. No debía echar las campanas al vuelo, la reacción de ella estaba por ver aún. Al llegar a casa encendí el ordenador, vi que estaba conectada, la salude, ella, tan pizpireta como siempre me correspondió el saludo, halagándome como de costumbre, piropeándome, mientras charlabamos de temas triviales visonaba sus fotos, estaba fascinado por que dependiendo de su reacción, esas imágenes se convertirían en realidad, en sugerentes carnes ofreciendome e invitandome a paladearlas.
Con valentía y esperanza le conté lo ocurrido, los planes. Hubo silencio, dejo de escribir, ¿estaría asimilando la pregunta?, claro o tal vez estaba ocupada, o contestaría después o….le respuesta sería un no rotundo, tajante, inquebrantable, tal vez había ido demasiado lejos en esto, después de todo solo nos conocíamos desde hace un mes y tal aventura era solo una fantasía. Dicen que las fantasias no hay que llevarlas a cabo,son solo fantasías,imaginaciones sin base alguna,de cumplirlas la mayoría acaban en fiasco.
La mayoria de ellas,o sea que queda un tanto por ciento muy bajo de que el resultado sea el esperado, mis esperanzas se agarrarían a esa posibilidad como un clavo ardiendo.
El silencio se eterniza,no hay respuesta, ansioso rompo tal tregua y te escribo –Hola?-la respuesta es –un momento-,-ok-añado.
Minutos más tarde veo que escribes, mi corazón palpita deprisa ante la reacción que te ha producido. Me dices que de acuerdo, que tomaremos un café, andas algo liada pero será por poco tiempo,me preguntas que si me apetece,un sudor frio cubre mi cuerpo,la chispa de la conversación se había esfumado, afilada como un cuchillo me dabas a entender que por compromiso nos veríamos, y que a lo mejor no habías dicho no para no herirme precozmente.
Respondo que si, te pregunto que si lo dejamos y ya está, que no hace falta que te sienta obligada, -no, me dices ,que no lo haces obligada, de ser así me habrías dicho que no. Claro, el trabajo, la familia, la asfixiante rutina no te dejaría un minuto libre, me consuelo buscando un comportamiento verosímil ante tal tirante respuesta.
Me dejas clara una cosa, la situación iba a ser de la siguiente manera: yo te daría mi número de móvil, tu me llamarías cuando estuviese fuera de mi cuidad, te digo que a partir del mediodía cuando quieras .A lo largo del viaje concretaríamos todo lo demás, donde quedar, donde aparcar, etc.
Te despides bruscamente, te correspondo el saludo. Nos vemos contestas.
Me prometí no darles vueltas al asunto, me había precipitado sin más , había actuado como un caprichoso adolescente revolucionado por las hormonas, esperando que cantarías a los cuatro vientos un si ,y que al llegar me devorarías rompiéndome la camisa y empujándome a la cama, igual que en las películas. Que iluso.
Por la noche preparo la maleta, poca ropa. Al cepillarme los dientes me veo en el espejo, una halo de desilusión y vergüenza se apoderan de mi rostro, como pude actuar y pensar así. Me meto en la cama. Duermo.
Al levantarme todo me parece mas liviano, el peso del día anterior se ha disipado, el sueño me ha proporcionado esa extraña exorcización que mientras duermes todo se diluye, un estado onírico de lo más reparador. Desayuno, todo el día de ayer queda lejano, una leve sonrisa se marca en mi rostro, despreocupado cojo la maleta y salgo de casa.
Me introduzco en el coche y me dirijo a la oficina, un par de gestiones me tendrán ocupado hasta la salida. Las doce, me despido de los compañeros. Busco la autopista, saco el ticket y me incorporo en ella. Busco algún CD que me haga disfrutar más aun, siempre me gusto conducir. The Cure, Pink floyd, U2, Portishead, al final me decanto por Phillip Glass  un poco de piano me sentará bien.
Lo escúcho a todo volumen , de niño mi padre ponía el tocadiscos a toda pastilla los fines de semana, decía que la música se tiene que oír muy alta para poder envolverte con ella, sentirla en el estomago, por entonces no entendía lo que decía, ahora si.
Con un gran susto suena el móvil, rompiendo el apacible momento, sin saber que hacer lo miro, sigue sonando, no contesto, el teléfono continua con su atronador concierto, conecto el manos libres. Hola digo, tres segundos mas tarde sale una voz al otro lado, -Hola-
Es ella, si, la misma, la de las morbosas fotos, la de sugerentes senos.
-¿Eres tu verdad?-
-Así es –contestas
-Me alegro de oír tu voz, encantado.
-Yo también me alegro, ¿que tal va el viaje?
-Bien gracias, un poco somnoliento pero bien,ehh…
-Cuando llegues me llamas, te diré donde puedes aparcar, ¿vale?
-Ehhh, claro, mejor así, me volvería loco buscando un sitio sin antes dar un sin fin de vueltas, es la primera vez que vengo a …
-Lo se, ya me lo dijiste. En eso quedamos. Nos vemos… cielo.
-Muy bien, chao.
¿Cielo?, me ha dicho cielo.
La sensualidad se encuentra en cualquier parte, en cualquier situación.
Por el camino paro para comer algo, autopista equivale a un bocata insípido, platos combinados y poco más, eso si, y a un precio elevado.
Continúo el viaje, pasan las horas, me acerco a la ciudad. Me llama mucho la atención que cuando te acercas a la costa mediterránea el paisaje cambia, pasamos de un verde salvaje y acaparador del norte a unos parajes más bien menguados en vegetación, carente de esa alfombra frondosa que todo lo cubre.
Aparco a la entrada, busco la llamada entrante del móvil y le doy a llamar. Descuelgas, me peguntas que tal todo, te respondo que bien, te digo donde estoy exactamente, tu con esas referencias me explicas por donde debo ir exactamente, es fácil afirmas, después de todo es la vía principal de la ciudad. Así lo hago. Para ser otoño hace calor, palmeras, algunos guiris, aún las terrazas en los bares, gente en manga corta, que envidia, en mi ciudad ya estamos con la calefacción de vez en cuando y aquí aún con los últimos coletazos del verano.
Giro en la calle que dijiste y busco un aparcamiento. La suerte del novato se manifiesta, sale un coche de su parcela y yo introduzco el mío. Busco el edificio, lo encuentro, subo a la oficina y entro.
Dos horas más tarde salgo de ella.
Que agotador, yo me esperaba una hora como mucho y me han tenido el doble.
Al caminar por la acera me fijo en los bares que hay, buscando el pactado, lo veo a lo lejos. Al entrar en el te mando un mensaje, fue lo que me dijiste, nada de llamadas después de la última. Suena un pitido de aviso, tu contestación esta en mi buzón de entrada, lo leo:
-En 10 minutos. Estoy ahí-
Diez minutos, serán eternos, comienzo a ponerme nervioso. Pido una tonica, prácticamente de un trago me la bebo.
Se abre la puerta, eres tu, es facil saberlo, nos hemos visto varias veces por cam, y visto el panorama de visitante que soy en el bar, salta a la vista quien es el que espera. Te acercas y me das dos besos, encantado de verte te digo, de al fin conocerte, gracias respondes, lo mismo te digo.
Llevas una falda de color gris, de verano aun. Una chaqueta corta hasta la cintura, de estrechos hombros. Camisa blanca, zapatos negros, no de gran tacón, y unas medias finas, casi imperceptibles. El aspecto es de una ejecutiva, de hecho llevas un bonito maletín color marrón.
-Quieres un café, cerveza, refresco,…
-Un zumo respondes, da igual el sabor.
-Se lo pido al camarero.
-Te lo sirven.
Mientras tanto ese acto de preparar, servir es mirado por ambos con una cierta incomodidad, el silencio se apodera del momento, mala señal, primer síntoma de que el nerviosismo es latente, se respira.
Das un trago y preguntas:
-¿Que tal la reunión?-
Pregunta y respuesta para romper el hielo, lo agradezco, me explayo más de lo debido, estoy en mi territorio, necesito ganar confianza, soltar el lastre de la novedad.
Después de una hora de charla en donde la risa ya manifiesta su presencia, pregunto que si quieres venir a cenar.
-Tú dices el restaurante, e invito yo-
-Ni hablar- respondes.
-Insisto.
-Que no va a ser así, contestas.
-Mira, yo vengo de visita, así que tu me llevas a uno que te guste e invito yo, por que me da la gana, si o si –sonrío-
-Que no
-Vamos a ver o…
-No vamos a ir a ningún restaurante, vamos a ir donde quiera yo, soy la anfitriona, soy de aquí,por lo tanto mando yo, tu obedeces y punto.
Marcas una insinuante sonrisa en los labios, absorbiendo el zumo con ligereza, te pasas lengua por la comisura de ellos.
-¿ya?, ¿estás? –me dices.
-Claro.
Pago y salimos. En la calle me pregunta que donde está el hotel, le digo que no lo se, no he pasado por el. Te enseño la dirección, vamos dices, está cerca.
Llegamos a la puerta y comentas:
-¿ y bien? Es este.
-vale –contesto
-Te ríes a carcajadas
Un tanto ruborizado pregunto:
-¿ De que te ríes?
-Tenías que haberte visto la cara, como la de un niño en un parque de atracciones, jajajaja, miedoso y excitado.
-JeJe, Lo siento, no crei que ….
-Nada hombre, me gusta ese punto de timidez que tienes.
-¿entramos? ¿O nos vamos a quedar aquí toda la noche?-me dices-
Pasamos al hall, ostentoso, con la decoración un tanto cargada. Me dan las llaves.
Nos metemos en el ascensor. Planta séptima.
En el ascensor te acercas, me besas, un tímido beso de bienvenida, un beso que abrirán las puertas de la percepción más desinhibidas.
Abro la puerta, estoy nervioso.
Pasamos, cierro y me arrimas a ti, de espaldas a la puerta comienzas a besarme, ansiosamente, metes toda tu lengua en mi boca, buscando desesperadamente la mía. Tu saliva es un manjar, tibia. Tus labios se hinchan mientras los devoro con desesperación, el labio inferior lo absorbo, recorriendo con la lengua todo el trayecto, de lado a lado, mi mano izquierda toca tu mejilla izquierda, acariciándola con ternura, mientras abro mis labios. Nos comemos, el intercambio de jugos es asombroso, te levanto la cabeza con la mano apoyada debajo del mentón y te la inclino ligeramente para degustar tu cuello, lo huelo, suave perfume, lo beso, lo lamo, lo muerdo, gimes, tu respiración se agita cada vez más. Lo recorro todo, lamiéndolo como un animal en celo.
De arriba a abajo a los lados, buscando las orejas, te las muerdo, introduzco mi lengua en tu oído, gimes más ,casi un pequeño e insonoro grito de placer.
Entrecortada mi respiración te pregunto si te gusta, si me deseas. Ebria de placer dices que si, que me deseas, que siga, que haga lo que quiera, vuelvo a tu boca, te digo que saques toda la lengua, obedeces, la absorbo, saboreando tal tentáculo tembloroso.
Con mi mano derecha acaricio el culo arrimándote contra mi, bien pegada, mi abultada entrepierna delatan mi sublime excitación, me froto contra ti. Me agarras el paquete, apretandolo y soltándolo, gimo de gusto.
La gente pasea buscando sus habitaciones, ausente de lo que puede estar sucediendo a dos palmos de ellos.
Nos separamos, te agarro de la mano y nos acercamos al interior de la habitación. Tu me empujas contra la pared, me quitas la camisa, como una gata cuando bebe leche, comienza la danza de tu lengua sobre mi pecho, recorriéndolo todo, acariciándolo, reparas en mis pezones, los tocas suavemente con la punta de tu lengua, me retuerzo de satisfacción. Te das cuenta que has descubierto un punto erógeno mío, vas con ventaja, te aprovechas, mandas tu. Abres más tu boca y los engulles, lamiéndolos con frenesí.
La estampa reflejada en el espejo es de dos Ángeles sucumbiendo al pecado. Pasas de un pezón a otro , con hambre, sería capaz de llegar al orgasmo dejándome dominar por tu lengua en mis castigados y complacientes pezones.
Te subo la falda, no llevas ropa interior, el jugo de tu vulva recorre el camino marcado por tus piernas. Te la quito ,te sientas en el borde de la cama. Tiras tu camisa al suelo, tus presuntuosos senos asoman por un sostén blanco de fino acabado, con perlitas en el canalillo, coqueto.
Me quito el pantalón me acercas a ti,yo de pie. Comienzas a besar mi entrepierna, por encima del calzoncillo, es muy ajustado, y todo se escapa a estas alturas, lo muerdes, fuerte, hundes tu cara en él. Me los bajas, señalando como un petulante mástil lo observas de cerca,lo agarras con toda la mano y me miras con cara angelical, besas el glande, yo doy un suspiro, abres la boca y lo introduces. Chupando como si fuese un helado, con desesperación mantienes un ritmo de vaivén, sin dejar de comer. Abres más la boca engulléndola más y más, con la mano marcando un ritmo cada vez más acelerado. Te cojo de la cabeza, acompañando a tu concentración.
Vuelvo a mirar el espejo. Los Ángeles solo acaban de comenzar el descenso a los infiernos, el pecado es su mayor virtud.
Sacas mi brillante miembro de tu boca, lo levantas, atacas a dos pequeñas bolas sin compasión, chupando, haciendo ruido de glotona, mientras tu otra mano sigue la agitación cada vez más rápido.
Te aparto bruscamente, me miras con ojos ensangrentados de vicio, tus labios están rojos, dilatados, sonríes .
Te tumbo en la cama,de rodillas a tu lado, a la altura de tu cuello, vuelvo a introducir mi pene en tu boca, poco tiempo, lo justo para que la niña se sacie con el caramelo. Lo quito. Te meto la lengua en la boca, absorbiendo parte de mi, tu sabor algo salado me gusta.
Comienzo a bajar, haciendo un parón en tu pechos, dos aureolas como dos lunas me observan, es en la parte alta de la montaña, el premio para el que llegue.
Comienzo a lamerlos, muy despacio, viendo tu reacción, si es de tu agrado. Al ver que agarras mi cabeza y la empujas sobre ellos, deduzco que si. Son grandes, blandos, tersos, con olor a sexo, todo tu cuerpo huele a sexo, desprendes una fragancia embriagadora por todos los recovecos.
Los masajeos con suma elegancia, sin perturbar su sosiego, paso de uno a otro con rapidez, ebrio de ellos.
Continúo el descenso a los infiernos. Lamiendo todo el vientre bajo con mi lengua por el, lo introduzco en el ombligo dando circulos a su alrededor, te muerdo las carnes de la cadera, aplasto mi cara en ellas.
Sigo mi camino.
Al llegar al monte de venus me incorporo, quiero verte, tu mirada es de ternura y lascividad, formando un coctel para privilegiados. Me pongo de rodillas en el suelo, te arrastro hacía a mi para que estés a la medida adecuada.
Te abro las piernas, huelo tu sexo, desprende calor, dilatado y sonrosado deja escapar unos labios prominentes. Comienzo a besarlos.
El néctar que sale de el es único, lo bebo, lamiendo todo, de arriba abajo, sigo bebiéndolo. Saciándome del brebaje busco ese pequeño milagro que se esconde entre sus pliegues. Doy con el, no ha sido difícil, la excitación ha hecho que asome con una graciosa curiosidad. Con la punta de la lengua lo pruebo, pequeños toques circulares mantienen ávida la tensión en tus muslos.
Mi impaciencia aflora, engullo todos tus labios, succionándolos con brusquedad, degusto cada pliegue de la sonrisa. Con avidez te agarro el culo apretándolo contra mi, gritas, te incorporas un poco con torpeza para ver el espectáculo pero la excitación te vuelve a curvar la espalda, levantando el vientre a lo más alto, Tu rostro observa la cabecera de la cama, tus manos son garras que aprietan las sabanas, gimes con locura, mientras te como cada vez mas introduzco los dedos en tu vagina buscando el origen del calor, la fuente del néctar. Introduzco mi lengua en el temeroso agujero, percibiendo todo el olor. Sigues gritando, te pregunto que si continuo, me dices entrecortada por la respiración que no vas a aguantar más, yo te digo que si, que llegaremos hasta el final.
Mi pulgar izquierdo fricciona el clítoris con furor, dibujando círculos y apretándolo.
Te retuerces, aprietas tus piernas contra mis orejas, con dolor. Muerdes la almohada, tu mano, me pides que es imposible, gritas.
Introduzco dos dedos en tu vagina, impregnándolos de fluidos, los acerco a tu boca, al verlo los devoras, los lames como una perra hambrienta. Pregunto que si quieres más, de tu boca sale un si lamentoso, sin fuerza, agotado, extenuado.
Te pregunto que si quieres que te folle, me suplicas que si, si por favor, contestas, fóllame.
Me incorporo con rapidez, tus piernas las coloco sobre mis hombros e introduzco mi pene sin obstáculo, embisto con violencia, tu me abrazas, me arañas. Con movimientos rabiosos te empujo con intensidad, con énfasis, me muerdes la oreja, grito de dolor, estoy a punto de correrme, me dices que lo quieres todo, siento que llega, levanto mi torso y dejo que salga con altanería, con copiosa altivez.
Saco mi pene doloroso y con gran agilidad me dirijo a tus bajos, succiono el clítoris con sed, introduciéndote un dedo en el ano, abuso, aglutinándolo todo, levanto tu culo con mis manos para lamer el oscuro y ceñido agujero, se dilata, se contrae, vuelvo al diamante en bruto, persiguiendo la batalla final, es tanto el grito que emanas de tu garganta que creo que voy a enloquecer de tanta locura orgásmica. Mi boca esta empapada de tu licor, te retuerces agitada, estrangulas tus íngles contra mi cara, me derrumbo abrazado a tus nalgas, nos morimos.
Decía Nietzsche que el sexo es una trampa de la naturaleza para no extinguirse.
Después de unos largos minutos extenuados, me incorporo a tu altura, me recuesto a tu lado, te giras hacía tu derecha, yo te abrazo por detrás, apretándote con fuerza. Ambos en una posición fetal. Los Ángeles jamás retornaran a su fútil palacio. Te beso la nuca. Te acaricio el vientre. Te susurro. Tú escuchas. Te propongo un plan. Prestas atención. Darnos un baño caliente, espumoso, para relajarnos.

Después continuaríamos con nuestro encuentro. Aceptas.

2 comentarios:

  1. ajajaj es increible,lo vuelvo a leer y me vuelvo a calentar como el primer día.. me encanta¡¡¡,

    gracias.

    ResponderEliminar
  2. Que raro que tu te calientes con un relato..... si a ti eso de leer relatos no te va y escribir tampoco..... jejeje

    La verdad que la situación es para ello. Muy buen relato.

    Besos

    ResponderEliminar